'Una sociedad que ha abolido la aventura convierte la abolición de esta sociedad en la única aventura posible'

miércoles, 9 de marzo de 2011

[Video-Panfleto] ¿Por que anarquistas?

Este panfleto audiovisual realizado por el Grupo Anarquistas Rosario en el año 2010 ofrece un breve pero efectivo acercamiento a los fundamentos centrales sobre los que se han formado las críticas y las propuestas del movimiento anarquista. Remarcar una visión del mundo opuesta a la de la burguesía dominante implica poner en cuestión los pilares que la sostienen: el capitalismo, los gobiernos y la religión, haciendo hincapié en la necesidad de comprender su interrelación como partes indivisibles dentro de una totalidad. Hoy como ayer es imprescindible la existencia de herramientas como esta producción que reafirma la incansable denuncia sobre la farsa de que un buen capitalismo es posible, la farsa detrás de las diferencias ideológicas de los distintos gobiernos y sectores políticos, detrás de la salvación religiosa, de los medios de comunicación... es por lo tanto que este video al repasar las posiciones críticas básicas sostenidas por los y las anarquistas, demuestra la vigencia que éstas tienen en la actualidad y que continuarán conservando en tanto este orden de cosas no se revierta de una vez y para siempre.

Duración: 17 min.
Grupo Anarquistas Rosario


¿Por qué Anarquistas? por comandocosmico Leer más...

¿A QUIÉN ESTAMOS HABLANDO?

Aquí os dejo la traducción de este texto de la revista italiana 'El Machete' que encontré leyendo la revista inglesa 325, y que me ha parecido podría ser interesante para reflexionar sobre las luchas que se llevan a cabo desde los distintos ámbitos (aunque sus autorxs se centren en el tema anticarcelario) y tratar de afilar mejor las armas con las que contamos.

 ¿A quién dirigir nuestra comunicación subversiva, a quién hablar de la miseria de la vida cotidiana, de la explotación y la revuelta? ¿Dónde se cruzan las luchas contra la estructura penitenciaria y la sociedad que la produce? Una contribución a afilar nuestras herramientas contra lo existente y mantener vivo un debate sobre las posibilidades y límites de la intervención anarquista. Traducido de la publicación anarquista italiana ‘El Machete’.

Nos encontramos en una situación en la que si un ciertoadormecimiento no se hubiese extendido por todos lados (excepto en nosotrxsmismxs), no nos encontraríamos en la situación que nos encontramos. Si cada episodio que saca a la luz del día la arrogancia del poder suscitase una rabia capaz de llenar las calles y plazas, hoy no nos chocaríamos cotidianamente en redadas y vigilancia, en Grandes Hermanos y pequeños campos de concentración, en terrenos de bases militares y de centrales nucleares. Pero así es. Cualquier reflexión de mérito de cómo se ha podido llegar a esto puede despertar interés en la medida en que constituye una contribución a una posible inversión de la tendencia. Es decir, si ayuda a salir de esta situación de estancamiento.
Porque debemos reaccionar, no cabe duda. Pero el despertar no parece fácil.¿Con quién queremos vernos envueltos cuando decidimos dar batalla a este mundo? ¿Nos dirigimos atodos los que lo sufren, o tenemos alguna población específica en mente? Y entonces, ¿a quién pertenecen los oídos que queremos abrir? ¿de quién son las reacciones que queremos provocar? Y sobretodo, ¿cómo lo pensamos lograr? ¿qué teclas tocar?
El trabajo clásico de contrainformación ha acabado. Está claro que el problema ya no es ‘informar a la gente de los hechos’. Los hechos ya son sabidos por todxs. No es la ignorancia lo que previene la revuelta. Se tiene mucho conocimiento de lo que está ocurriendo, pero este conocimiento no provoca reacción alguna. Desde este punto de vista, denunciar la alienación producida por una Propaganda hecha omnipresente por el desarrollo tecnológico, denunciar la desrealización de nuestras emociones que nos transforma en espectadores en contemplación de aquello que una vez habría desencadenado protestas sin fin, se hace un trabajo necesario y fundamental. Pero evidentemente con esto no basta. Y aquí no nos referimos a una falta de actos que estaría bien que acompañaran siempre a las palabras, sino a la propia limitación de esta forma de crítica en sí.
 En la medida que un exceso de información nos lleva paradójicamente a una situación de desinformación, un exceso de indignación nos puede llevar a la inactividad, a la parálisis. Abuso tras abuso, injusticia tras injusticia, nos estamos acostumbrando a lo peor. Nos hemos acostumbrado a lo intolerable hasta el punto de sortear con indiferencia los cadáveres todavía calientes de lxs masacradxs. Asqueados, con todo. Lxs que que se vuelven sordxs a las órdenes de arriba, pueden también volverse sordxs a las críticas de los de abajo. El rechazo de información va de la mano con el rechazo de la protesta.
A fin de abrir finalmente una brecha en la pared de la apatía, ¿será suficiente amplificar al máximo el volumen de los sufrimientos del mundo? Apatía que, quizás vale la pena recordarlo, las más de las veces constituye una forma de autoprotección. No es humanamente soportable albergar en el corazón toda la indignación por todos los abusos,  todas las heridas, todas las injusticias, sufridas. Lo demuestra la misma especialización en la que se cae quien toma la decisión de dar voz a lxs sin voz. Quien se ocupa de la defensa de éstos muestra ciertamente una sensibilidad y una nobleza de mente, pero también denota cierto espíritu asistencialista. Un ponerse al servicio de los demás que a veces puede ser incluso algo embarazoso, como cuando las necesidades de lxs ‘asistidxs’ están en contraposición con las necesidades de sus ‘asistentxs’. Pero que sobre todo lleva consigo una cierta forma de intervención, que no sólo tiende a limitar el alcance de nuestra propia acción sino que crea una superioridad moral tóxica que sólo sirve para alienar más (‘ellxs sufren, ¿ y tú qué haces al respecto?’). Ya es extraño que, después de estar confinadxs por fundar la propia causa en la nada, se decida fundarla en la causa de lxs otrxs. Pero además, ¿hacerlo cuando el altruismo está quedando sepultado bajo la aniquilación y la abulia?.
Tomemos de ejemplo la lucha contra las cárceles. En un momento en que la exaltación de la seguridad está en su momento de máximo apogeo (con los aumentos de penas para lxs condenadxs, con la construcción de nuevos centros de reclusión, mientras se invoca desde muchas partes la ‘tolerancia cero’), y justo cuando las preocupaciones de la mayoría va con la deprimente ligereza de sus billeteras, ¿tiene algún sentido intentar alcanzar las mentes y los corazones de la gente hablando sobre miserias y desgracias de aquellxs que se encuentran tras las rejas? Para nosotrxs, esta parecería la mejor manera de tirarnos contra la pared de goma de la indiferencia. Esto es por lo que, desgraciadamente, no hay que sorprenderse si los boletines impresos y las iniciativas que se organizan al respecto captan el interés de tan pocos individuos. Sería mejor tomar nota: una lucha anticarcelaria que coloque los intereses de lxs presxs en su centro, que se consagre a ellos, hoy no tiene mucha posibilidad de generalizarse. Es necesario permanecer circunscritxs a una población específica, compuesta de lxs presxs mismxs, sus amigxs y sus parientes.
Esto no significa abandonar la cuestión, naturalmente. Significa reconocer los límites del camino iniciado, sin pretender que nos lleve a dónde no puede llegar. Significa defender con orgullo lxs propixs compañerxs (o aquellxs con los que compartimos ciertos intereses), organizarse para ayudarles de la mejor manera, sin esperar por la disponibilidad de lxs de fuera del círculo reducido de lxs interesadxs. Pero significa otra cosa. Significa que si queremos llevar la cuestión de la cárcel al exterior, hacerla sentir a cuantas más personas sea posible, deberemos tomar otro camino. Y este camino está por descubrir, por trazar y por abrir.
Si la indiferencia imperante se caracteriza por el desinterés hacia los demás, entonces habría que dejar de partir de la situación del otro. Si queremos hablar a lxs que se consideran libres, fuera de los muros de la prisión, necesitamos hablar sobre ellxs, sobre sus desgracias, sobre sus problemas, sobre su condición. Sólo de esta manera, quizás,  será posible captar su atención. Sólo de esta manera, quizás, les podremos mostrar que la distancia que les separa de la prisión es tan fina como una pared.
El incremento de la legislación que criminaliza cualquier pequeño acto distinto de la obediencia, en concomitancia con la rápida erosión de las condiciones de supervivencia generales, están acercando cada día más a muchos estratos de la población a las puertas de la prisión. La suya, como la nuestra, es una libertad vigilada que podría ser revocada en cualquier momento, cosa que les asocia con lxs presxs más de lo que piensan. Además se ve como las condiciones de vida, tanto dentro como fuera de prisión, son cada vez más similares. Tanto dentro como fuera, se trabaja y se ve la TV. Tanto dentro como fuera, se está forzado a pasar bajo los ojos siempre vigilantes de las videocámaras de vigilancia y a través de los detectores de metal. Tanto dentro como fuera se viven relaciones coactivas en espacios cada vez más restringidos. (Por lo demás, para caer arrestadx por los servidores del Estado no hace falta ser militantes de bandas armadas, ni manifestantes que se defienden de la poli con el pasamontañas y el extintor en la mano. Basta con ser un/a aficionadx sentadx en el coche en el área de un autogrill, ser pillado en posesión de pocos gramos de estupefacientes o saltar un semáforo en rojo con la bicicleta*).
Invertimos así nuestra visión del argumento. Partimos de la cárcel de la vida cotidiana, en la que estamos todxs recluidxs, para introducir la cuestión carcelaria específica, en la que sólo algunxs lo están. Un cambio de perspectiva que presenta no obstante desagradables contraindicaciones, supeditando por ejemplo a un segundo plano las exigencias inmediatas de lxs detenidxs. Lxs cuales, si bien tienen razón en no querer ser olvidadxs y excluidxs de la vida de quién está fuera, no tienen ninguna en pretender que sus reivindicaciones se conviertan en la prioridad de lxs que por el momento son más afortunadxs que ellxs. Les guste o no, es la situación del exterior de la cárcel la que debe cambiar para esperar que cambie también la de dentro. Se trata de un cambio de perspectiva que también tiene consecuencias prácticas. Para el/la que no hace de lxs detenidxs el centro de referencia constante, qué sentido tienen las continuas concentraciones a las puertas de la cárcel? El presidio ya es en sí mismo una forma de lucha aunque limitada. La raíz latina de presidio deriva de ‘presidiare’, que significa ‘defender’. Por tanto tiene sentido defender un valle para impedir su devastación, pero ¿qué se defiende delante de la cárcel? La estructura, seguro que no. Cuanto a lxs detenidxs que se encuentran recluidxs, inútil esconder que desgraciadamente se encuentran en las manos del enemigo. No estamos en condición de defenderlxs. Como mucho podemos hacer sentir nuestra presencia, hacer entender a lxs torturadore/as que sería mejor para ellxs que fuesen con mano ligera (lxs ciudadanistas dirían: hacemos presión sobre las autoridades para que respeten las reglas y nuestros deseos).
“Atentos, ellos no están solos, nosotros estamos aquí”. Claro, estamos aquí…
Se puede considerar que los centros penitenciarios están en lugares desolados, por lo que las concentraciones se resuelven en encuentros entre ‘nosotrxs’ y ‘ellxs’, subversivxs y esbirros, donde intercambiamos recíprocamente insultos y miradas de odio. Ciertamente, en cualquier caso se llega a aliviar por un momento la dolorosa soledad de lxs detenidxs y eso representa una satisfacción. Bonita, para el que está determinado a hacer cualquier cosa (que, ya se sabe, es siempre mejor que nada); fría, para el que no siente la virtud del/a voluntarix. Distinto es el caso de los institutos penitenciarios que se encuentran aún en la ciudad. Aquí todavía es posible evitar el camino ciego del enfrentamiento nosotrxs/ellxs, incluso es posible implicar a otrxs, esto es, todxs lxs que hoy custodian los muros de la cárcel por el mejor lado pero que mañana podrían encontrarse en el otro.
Teniendo en cuenta la generalización existente del miedo y la pobreza, parece poco concluyente ir a contar las desgracias de otrxs a quién ya tiene las suyas propias por resolver. En lugar de eso tiene más sentido intentar mostrar cómo en realidad se trata de dos caras de la misma moneda, cómo los problemas de lxs que están en libertad podrían transformarse rápidamente en las desventuras de quien se encuentra en prisión, puesto que todxs somos presxs del mismo mundo. Y es aquí donde las distancias se acortan, los destinos se entrelazan, y se vuelve posible, quizás, instaurar una comunicación.
 


* Se trata de tres delitos recientemente incluidos en el Código Penal en Italia.
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lunes, 7 de marzo de 2011

CCOO y UGT vienen a Gracia. ¡Echémosles! [Barcelona]

Concentración delante del Ateneu Roig MIÉRCOLES 9 DE MARZO a las 18h c/ Ciudad Real, 25 Vila de Gracia (Barcelona). Haz correr la convocatoria.
Cuantxs más seamos, más reiremos...

a pesar de que la traición se da cuando unx ha creído antes...


Tenemos una buena y una mala noticia. La mala es que los secretarios generales de CCOO y UGT de Cataluña tienen la vergüenza de pretender venir al barrio a dar una charla. La buena es que no se lo pensamos permitir. Sabemos que, como nosotrxs, mucha gente está harta del desprecio constante de quien tiene el Poder. Siempre son otras personas las que están decidiendo sobre todo aquello que nos afecta, siempre son estas otras las que hablan por nosotrxs. Pero ya nos hemos cansado, nadie –y decimos nadie– puede representarnos. Nadie, mejor que nosotrxs mismas, puede saber qué nos conviene. Por lo tanto, no dejaremos que encima vengan a reírse de nosotros en nuestra cara.
Y ¿qué tiene que ver CCOO y UGT en todo esto? Un representante sindical tiene más en común con otro representante empresarial que con aquella gente a la que representa. Esto es una obviedad, pero todavía hay gente que continúa confiando en estos trepas. Sus intereses no son los nuestros. ¿Qué podemos tener en común nosotrxs que nos encontramos entre la espada del trabajo y la pared del paro con alguien que vive de las millonarias subvenciones que recibe su sindicato? Con cada Pacto de la Moncloa que apoyan, con cada Reforma Laboral a la que hacen ver que se oponen, con cada ERE que firman, con cada subvención que cobran, con cada huelga que intentan evitar, con cada una de sus acciones nos demuestran de parte de quien están.
¡Y todavía pretenden venir a hablar! ¿A hablar de qué?
Nosotrxs no tenemos ninguna intención de escucharlos, no tenemos ninguna intención de dialogar nada con aquellos que consideramos responsables de nuestras miserias. No queremos hablar, no queremos escucharlos, queremos que se les caiga la cara de vergüenza, queremos verles huir con el rabo entre las piernas. Tenemos que conseguir que este día sea nuestro y no de aquellos que quieren hablar por nosotrxs. Aunque no tengas mucho aprecio a CCOO y UGT quizás no te acaba de convencer esta convocatoria. Es posible que te sirva saber que nosotrxs no somos de ningún sindicato, partido ni organización. De hecho, somos gente jodida, como tú, que hemos decidido organizarnos para intentar hacer frente a estos hipócritas.
Que estén haciendo leyes que empeoran nuestras condiciones de vida y, por lo tanto, mejoran la de los capitalistas, es un reflejo del aislamiento, la insolidaridad y lo cada cual-a-las-suyas-cosas que reinan a pie de calle. Hasta que no cambiemos esta situación aquí bajo, lo único que podemos esperar es que los de arriba nos continúen jodiendo.
De nosotros depende, de nadie más.
¡Démosles la bienvenida que se merecen!
CCOO Y UGT, FUERA DEL BARRIO! Leer más...

domingo, 6 de marzo de 2011

Libertad inmediata e incondicional de presxs por el montaje del 'caso bombas'



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Carta abierta de Joaquín Garcés al Sr. Ministro de Justicia

Esta carta abierta dirigida al Ministro de Justicia, que describe hechos probados que son realmente incómodos para el estado, pero de indudable interés para las personas sometidas a su soberanía - tanto si aceptan ésta de buen grado como si no - fue enviada para su publicación a los tres grandes diarios de tirada nacional: ABC, El Pais y El Mundo. Ninguno de estos tres paladines de la información ha querido publicarla, pese a la incuestionable veracidad de lo dicho y lo ponderado de su tono, algo que aún arroja más sombras respecto a algunas actuaciones del estado y que viene a posicionar a estos medios, una vez más y para el interés de aquellas personas que conservan su sentido crítico, donde realmente están: siempre al servicio del poder establecido tanto para propagar su verdad oficial, como para silenciar aquellos hechos ciertos que son susceptibles de poner en tela de juicio el discurso público.
 
Es por ello y para romper éste muro de silencio, que os animo a todas las personas a reenviar esta carta a donde os parezca oportuno, traducirla,etc.
 
Muchas gracias a todas.



SEÑOR MINISTRO DE JUSTICIA:
Me dirijo a usted mediante esta carta abierta para poner en su conocimiento unos hechos que por su extrema gravedad, entiendo que son de sobrada importancia como para que usted les dedique una parte de su tiempo y atención. No en vano lo que ponen en cuestión es nada menos que la viabilidad del fundamento teórico y práctico del estado de derecho.
Lo que vengo a referir es un suceso que se supone que jamás podría ocurrir. Que antes de llegar a una cosa así, se activarían los controles y sistemas de garantías del estado para detectarlo y darle solución. Sin embargo esto no sucedió y como consecuencia de ello, hube de pasar cinco años de mi vida en las cárceles españolas en una situación que, pasados diez años, ha sido calificada por órganos judiciales como de prisión indebida.
Las rotundas afirmaciones que hago tienen hoy carácter de evidencia. Son consideradas hechos ciertos tanto en informes de Instituciones Penitenciarias que obran en mi poder y en el de mi defensa procesal, como en las correspondientes resoluciones judiciales que dictó la Audiencia Nacional entre los años 2008 y 2009. Se llegó a ellas tras un largo periplo judicial que fue calificado de “extravagante” por el Iltmº Sr. magistrado juez D. Javier Gómez Bermudez, quién en última instancia se pronunció al respecto afirmando, más allá de cualquier duda, que entre el 19 de julio de 1997 y el 12 de marzo de 2003 estuve preso indebidamente. Cinco años de mi vida, por tanto. Pero al día de hoy, pese al reconocimiento expreso e incuestionable de que durante tan largo periodo de tiempo estuve privado de libertad contraviniendo lo dispuesto por jueces y tribunales, seguimos sin tener una respuesta clara, por parte de las instituciones del estado, con la que se intenten paliar las consecuencias de éste suceso tan irreversible como irreparable.
Lo que hace especialmente escandaloso el caso del que estamos hablando, es que no se trata de uno de esos lamentables episodios en los que una persona permanece en prisión, por un uso excesivamente riguroso de la prisión provisional o no, para resultar después absuelta en el acto del juicio. Esto es algo a lo que por desgracia estamos bastante acostumbrados y habrá quién diga que es inevitable, por más que otras personas no estemos de acuerdo con ello. Pero no fue esto lo que sucedió en mi caso. Permanecí en prisión indebidamente durante cinco años porque encontrándome extinguiendo varias condenas firmes, no fue anotada en mi expediente penitenciario, tal y como la Audiencia Provincial de Zaragoza ordenaba a la cárcel de Jaén II que se hiciera, la resolución judicial que reducía mi condena en doce años. Fallaron por tanto los mecanismos internos de funcionamiento del estado al no realizarse desde la DGIP la que es su función principal, es decir: dar cumplimiento efectivo a los mandatos de jueces y tribunales. Y fallaron de tal forma que lo que se vino a demostrar, es que el incomprensible error de un funcionario público en el desempeño de sus funciones puede dar al traste con todas las garantías jurídicas y procesales del estado de derecho.
Hubieron de transcurrir nada menos que 16 años para que el Auto que reducía mi condena desde el año 1992 se hiciera efectivo. Y cuando esto se hizo, ya no se pudo evitar que yo no fuese puesto en libertad en la fecha que correspondía, y que durante cinco años más permaneciera encarcelado. Pero si hoy la única posibilidad que nos ofrece el marco jurídico es la de solicitar una indemnización a la Administración por los daños causados, sin embargo nos encontramos, entre otras, con la tremenda dificultad de cómo cuantificar cuanto valen cinco años de la vida de una persona que se ha visto presa sin razones que lo justifiquen.
Durante aquellos cinco años, además, se me hizo responsable de las consecuencias que el malestar de una situación que luego se ha demostrado injusta me causaba. Lo que viene a incrementar la dificultad para evaluar los daños cuando comprendemos que estas consecuencias se entremezclan con causas que se difuminan en el secretismo de la administración penitenciaria, y que son múltiples e interactúan entre sí. Por ejemplo, fue la misma situación creada la que dio paso a las numerosas sanciones de aislamiento en celdas de castigo que acumulé durante aquel periodo de tiempo, algo respecto a lo que hoy nos es imposible establecer una relación de causa efecto que sea admitida en términos de derecho, sin que desde luego esto diluya las consecuencias, en los hechos y sobre mi persona, de una situación extrema como el aislamiento que no resulta nada inocua. Aquella justificada hostilidad de mi persona hacia la institución que exasperó aquella crispada relación - ahora ya no hay duda de que lo era - supuso que no se me permitiese el acceso al trabajo, a la cultura, a las actividades ocupacionales y deportivas,etc. Dio lugar a las huelgas de hambre con las que protesté contra un estado de cosas que íntimamente percibía como un ensañamiento, con todas las repercusiones negativas que estas conllevan. Y un largo etcétera de inconvenientes que pueden ser asumidos como inherentes a la situación de preso, pero que dejan de serlo para cualquier criterio cuando la persona que los padece no debería estar en la cárcel.
Más fácil es objetivar otras cosas, que también sucedieron durante aquel periodo de tiempo, como que en el año 1998 contrajese una enfermedad incurable como la hepatitis-C. Aunque otra cuestión es que la prueba que hemos tenido que solicitar para demostrarlo depende ahora de los oficios de una institución penitenciaria hacia la que, como usted comprenderá, albergo fundadas reticencias que no vienen a remitir cuando para facilitarnos otro documento que también precisábamos - la hoja de cumplimiento que se entrega a toda persona presa al ser puesta en libertad - tardaron 18 meses en hacerlo y fueron precisos para ello dos requerimientos judiciales. Además de lo dicho, del incumplimiento de la resolución judicial mencionada y del más que severo trato que se me dio, refuerza mi desconfianza ahora el que me sucedieran cosas tan inusuales como que la administración penitenciaria no diese cumplimiento deliberadamente a otras resoluciones judiciales que también me beneficiaban. Algo que siempre sucedió tras un largo itinerario de recursos judiciales, que siguieron a las constantes desestimaciones de todo lo que solicité a las juntas de régimen de las cárceles en las que estuve.
Deliberadamente, reitero. También a modo de ejemplo y para que no queden dudas de que fue intencionado, le diré a usted que así lo vino a demostrar el Iltmº Sr. magistrado juez de la Audiencia Provincial de Zaragoza Blasco Obede, en febrero de 2002, cuando dictó una resolución en la que afirmaba que se había producido un “osado incumplimiento, por parte de la administración penitenciaria, del Auto judicial en el que un año antes se me había progresado a tercer grado de tratamiento penitenciario”. Pero si entonces, al ser descubierto tan insólito incumplimiento de mandato judicial, a lo único que se pudo llegar fue a que se rectificaran algunas de las actuaciones de Instituciones Penitenciarias - y no a que se determinasen responsabilidades sospecho que hoy no podemos esperar que desde estas se actúe de manera muy distinta cuando se les requiera para que acrediten cuando y cómo contraje la hepatitis-C. Al menos así me lo hace pensar que a partir de entonces no se produjera un cambio en la forma de actuación de la DGIP respecto a mi persona, pues como se ha demostrado, éste incumplimiento de mandato judicial coincidía en el tiempo con otro incumplimiento anterior, que se siguió manteniendo durante años y así hasta que fue descubierto por mi defensa.
Aún teniendo muy presentes estos obstáculos y la dificultad existente de cómo establecer cuanto valen cinco años de la vida de una persona, hemos presentado en modo y forma la pertinente reclamación ante el Ministerio de Justicia - debidamente documentada con las pruebas pertinentes - al objeto de que se me indemnice por el tiempo en que estuve indebidamente en prisión. Y quién la ha presentado, paradojas de la vida, es una persona que llevando ahora casi dos años en libertad, ha rehecho su vida social y no ha cometido ningún delito desde entonces. Desde luego sin que la institución penitenciaria pueda decir al respecto que la reinserción social se deba a las terapias de aislamiento, algo muy al uso pero tan cuestionable como cuestionado. O cosa aún más absurda, que la no infracción de la ley se derive del hecho de haberla incumplido la misma DGIP en mi perjuicio y con demostrada reiteración.
Las preguntas que ahora mismo nos quedan en el aire, Sr. Ministro, y que yo le formulo a usted, es qué va a hacer el estado, cómo y cuando, para paliar unos daños tan tremendos como los causados a mi persona por el funcionamiento anómalo de la Administración. Si a la luz de lo sucedido se va tener la consideración de tutelar la reclamación presentada con particular atención, una deferencia que habría de ser de rigor para con alguien a quién el “funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos” le ha causado unos perjuicios tan terribles como los que me ha ocasionado a mí. O si por el contrario, nos vamos a ver arrastrados a uno de esos lentos y desesperantes procedimientos en los que la persona siente la insignificancia de su humanidad frente a algunas actuaciones del estado que, aún suponiéndose que jamás podrían llegar a ocurrir, en ocasiones como la aquí dicha nos muestra la experiencia que sí pueden pasar. Y esta capacidad es lo más grave cuando se hace una valoración de lo sucedido. Porque de una u otra manera, Sr. Ministro, no estamos hablando sólo de que yo pueda encauzar el curso de mi vida hacia donde debería de estar en el caso de no mediar en él una anomalía como la sucedida. Estamos hablando, también, de la misma credibilidad que el discurso del estado democrático puede ofrecer y de la imagen que éste estado da a las personas si ante la evidencia de unos hechos como los descritos, no es capaz de reaccionar con agilidad y eficacia de una manera que además de conforme a derecho sea digna de ser considerada humana.
Muy atentamente: Joaquín Garcés Villacampa, titular del D.N.I. XXXXXXXXX-X
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sábado, 5 de marzo de 2011

Huntingdon Life Sciences de nuevo desenmascarado

Documentos enviados anónimamente a SHAC nos demuestran una vez más las atrocidades que allí suceden, aquí veréis experimentos y empresas que pretendían mantener en secreto lo que estaban haciendo en Huntigdon Life Sciences.

http://www.shac-spain.net/

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La reducción de la vida a zoé


Giorgio Agamben observa en sus obras una progresiva  reducción de la bios a zoé (pura vida biológica, nuda vida). Sigue así la estela dejada por Hannah Arendt en ‘La condición humana’ donde con otros conceptos (animal laborans y homo faber) ha apuntado algo similar.
La medicina, y eso también aparece en algún libro de Agamben a cuenta de la Alemania nacionalsocialista, es una de las disciplinas más afectadas por ello. La reducción biológica está por doquier. Y la psiquiatría, como rama maldita de la medicina, es la más afectada por este reduccionismo, ya que se trata de una rama intermedia entre las ciencias naturales (pues de cuerpo biológico y cerebro hablamos) y las ciencias sociales (pues este cuerpo y cerebro se sitúan en un tiempo y espacio determinados y en relación con un mundo de cosas y otros semejantes). No en vano la psiquiatría está plagada de escuelas y formas de entender el psiquismo de lo más diverso.
A pesar de haber honrosas excepciones, hay una gran mayoría, o una corriente de opinión mayoritaria, que se deja arrastrar por la quimera de la búsqueda biológica del problema mental (y cuando digo mental no entro en determinismos biológicos, psicológicos, sociales u otros). Y como no, de su tratamiento al mismo nivel. No entraré a discutir los aspectos de las terapias psicológicas que también tienen lo suyo y precisaría de mucho tiempo. Pero aunque hubiese tal Santo Grial no nos aportaría gran cosa, más que un incremento en el catálogo de pastillas y menos comprensión y menos participación en nuestra propia vida.
La neurociencia, como encargada de investigar las bases neurobiológicas de la vida, se centra en fenómenos moleculares. Pero otra cosa es trasladar esa investigación sobre la vida a la vida en sentido amplio. Y es que esta es una de las principales críticas que se le hace a la investigación científica, la dificultad para salvar el hiato laboratorio-mundo. A pesar de que la neurociencia, en general realiza planteamientos cada vez más apropiados, más autocríticos y cuestionándose más los aprioris, los hallazgos que concluyen tienen un alcance limitado. Y además son utilizados como mecanismos de dominio. La difusión de sus conclusiones, por ejemplo, está mediada por el sistema de comunicación de masas, y los mass-media difunden una parte del todo. Toda difusión de información necesita de un resumen, de una previa digestión, y aquí se ganan o se pierden aspectos esenciales. En una sociedad como la nuestra no puede ser de otra manera. Por otro lado, a la hora de la aplicación clínica, las condiciones de aplicación determinan en gran medida el uso de los hallazgos científicos. Y es que, aunque se encuentren las bases neurobiológicas de la ansiedad la aplicación clínica en un contexto de ambulatorio, con su mediación estructural, política y económica acostumbran a limitar cualquier hallazgo, que no pase por una pastilla mágica. Otras alternativas implican tiempo, y el tiempo es dinero. Otros cuestionamientos, cambios estructurales del sistema.
Y es así como la política entra en juego, y se hace biopolítica. La gestión de la vida, la regulación de la población mediante la aplicación del poder político en todos los aspectos de la vida. Partiendo de la racionalización más extrema y reduciendo la vida a un residuo biológico, se organizan las formas adecuadas de vivir. De nuevo la medicina como ejemplo. Con tal de disminuir costes (que suele ser un leitmotiv de los políticos-gestores), se opera en el nivel de la prevención, que tiene que ver en gran medida con estigmatizar y fomentar distintos estilos de vida. Un uso de la medicina que permite configurar la vida que merece la pena ser vivida. Discursos que crean modos de subjetivación con los que identificarse. Esto es biopolítica. Sobretodo esto.
En los tiempos que nos tocan vivir se puede descontextualizar una conducta como la agresividad para analizarla a nivel molecular. Se puede crear un discurso en que la agresividad sea una conducta biológicamente patológica. Se puede describir describe la conducta, omitiendo todos o muchos de los condicionantes de esta, aplicar un tratamiento (por ejemplo litio o risperidona) y observar los resultados, así como  las variaciones en los niveles de neurotransmisores, hormonas, cambios neuronales, etc. Si hay desaparición de la conducta, premio. Si se observan cambios en los neurotransmisores, ya podemos hipotetizar disfunciones cerebrales. Da igual que se mantengan los condicionantes que han influido en el desarrollo de la conducta si la respuesta es distinta. El sujeto importa un carajo. Ya no realiza la conducta. Nada nuevo desde ‘La naranja mecánica’ de Kubrick.
Si esto es progreso y ciencia, no nos interesa. Sólo interesa a quien detenta el Dominio. No queremos el tratamiento de las conductas ni de los síntomas sin la comprensión de los individuos que los tienen y de las sociedades que los provocan. No queremos olvidarnos de los sujetos. La política, cultura, economía, también están dentro nuestro, las tenemos interiorizadas. Y también necesitan terapia de choque.
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